
Provocar discusión es lo más importante. La revista Adbusters de los meses entre octubre y noviembre contiene un aluvión de información, mucha más de la que se puede procesar en todo este tiempo. ¿La razón? Es demasiado presente. Resulta casi hiperreal.
Estar consciente de que se vive el futuro jamás ha sido tan evidente en ninguna otra generación. La noticia es vieja desde el preciso momento en que se genera, lo cual siempre ha sido una verdad ineludible, sólo que ahora se nos presenta con más inmediatez que nunca.
Lo único que ha crecido es nuestra angustia por estar cada vez más conscientes de que no importa el esfuerzo que se ponga en ello, será imposible recibir la totalidad de información que el mundo material e inmaterial produce a cada instante.
Cada vez es más evidente que el tiempo apremia y que esperar a que ‘sea un tiempo mejor’ no ayudará en nada ni al pasado ni al futuro. El ‘tiempo mejor’ lleva retrasando su partida muchos, muchísimos años. Deberíamos aspirar entonces a ser hombres y mujeres de nuestro tiempo, capaces de adaptarnos a la multiplicidad de realidades en las que convivimos, y que son una y la misma a la vez que resultan completamente diferentes.
Todo está dicho. Todo está escrito. Todo está visto. ¿Cuál es el punto en el que no hay regreso? Es momento de preguntas, mucho más que de respuestas. Se trata de cuestionarse todo el tiempo, bajo todas las premisas imaginables, qué es lo que ocurre con nosotros y nuestras infinitas relaciones con el mundo. Llegar a una respuesta, cuando sea el caso, no necesariamente significará que se la ha inventado o descubierto. Significará una reafirmación de nuestra condición, un llamado a la revisión de la producción cultural, económica y social de absolutamente todos nuestros antepasados. Significará también que esa refirmación puede estar acompañada de algunos otros elementos que puedan no ser novedosos para su campo, pero que asociados con otros de procedencia distinta, producirán una novedad, sutil si se la quiere, pero novedad al fin.
Si erradicaran a la raza humana de la faz de la tierra, pero todos sus elementos materiales, todo su acervo permaneciera para una nueva generación, ¿qué pasaría? ¿Se convertirían en espejos de lo que un día fuimos nosotros, sin importar nuestra presencia como raza? ¿O, por el contrario, despreciarían la mayoría de nuestro legado material para construirse uno más acorde a su tiempo?
El futuro tiene líneas largas que cada vez parecen más pequeñas. ¿El futuro está pasándome a mí? Creámoslo. Y ahí responderemos una pregunta.
-Nada Surf. The Future.
Parte de la serie ‘Nada Surf Project’, un conjunto de relatos inconexos a partir de cada una de las diez piezas que conforman ‘The Stars Are Indifferent to Astronomy’ (Nada Surf. Barsuk Records, 2012).