
A mí nunca me han apenado mis gustos. Es terrible vivir en un mundo en el que los placeres son catalogados como culpables.
Esta canción se clavó en mi memoria en 1995, cuando uno de mis primos puso en su grabadora un disco de portada rosa con un muñeco espantoso en dorado. Eurodance. E.U.R.O.D.A.N.C.E. Esa oscura época de mi generación en la que inevitablemente se marcó nuestra tendencia melódica. La confirmación de esta perversa teoría radica en que Whitest Boy Alive decidió retomar ‘Show me love’ de Robyn, un estandarte de la época, como un bastión de su plantilla armónica.
De Livin’ Joy no supe absolutamente nada nunca. El día que la recordé, unos 8 años después de que me había conquistado, fue uno muy feliz. Los neuróticos de antes no contábamos con esa maravillosa herramienta llamada Shazam (o Soundhog o alguna de las otras réplicas) que te permite liberarte de la indescriptible angustia al escuchar una canción y no tener la menor idea de quién es el autor.
Wikipedia indica que Livin’ Joy fue un dúo italiano (¡!) de house cuyo moderado éxito llegó con ‘Dreamer’, la pieza del post. Es obvia, sus elementos primarios hace tiempo que caducaron. Sin embargo, tiene un patrón melódico que, si se aprecia, se incrusta en el oído. La amo porque me recuerda que aún tengo cosas en común con mi ‘yo’ de doce años. La punzada que sentía cuando me gustaba una armonía (sin saber entonces lo que era) sigue siendo exactamente la misma.
-Livin’ Joy. Dreamer.