Heard 12 Times

Este año, lo he dicho desde hace tiempo, es de las mujeres. Cuando por fin nos atrevemos a cruzar la línea y confiamos en nuestro poder para conseguir melodías extrañas y hermosas, suceden cosas como ésta. 

Always boys habla de una infatuación tan vieja como la música; el amor por los chicos que tocan la guitarra. Que se trate de un tema quizá poco original (¿qué es original?) implica que este dúo de músicos londinenses afilen sus oídos y entreguen un sismo de tres minutos que se pega a la piel. La voz dirige un barco que se estrella en aguas de reverb. La primera intención de la guitarra me produjo una extraña aunque bella puñalada al esófago. Un bello accidente al que da gusto asistir. 

-Big Deal. Always boys. 

1 week ago #Big Deal #Always boys

I was lonely but I was having fun. 

Nuestro mundo moderno entrega cada vez menos piezas épicas, aquellas que posibilitan cantar a voz en cuello mientras el viento te rasga la cara y fantaseas con largarte de la ciudad, abandonarlo todo, entregarte a los vicios y despreocuparte por las angustias. Una pieza adolescente cantada por quien supera los cuarenta años parecería una desgracia. Y no. Esto es un triunfo desde el fango que deja la adolescencia y que es posible sacudirse un poco a medida que los años siguen su curso. Encontrar que a pesar de todo, hubo un tiempo en el que nuestra inocencia, quizá nuestra ignorancia a causa de ella, nos permitió ser menos cínicos, antes de convertirnos en fat, drunk and mean people. 

Nadie mejor para apuntalar este goce absoluto de melodía, emoción y extrañamiento que J Mascis con su guitarra inconfundible, tan bella como demoledora. 

Strand of Oaks feat. J Mascis- Goshen ‘97. 

Heard 26 Times

Un día, de pronto, toda la tristeza del mundo se te viene encima. A cuenta de nada y de todo. Amanece ahí, incrustada en el plexo, incapaz de mudarse. Una de las formas más bellas de mitigarla es bailando. Un querido amigo dice que llorar en una pista de baile es algo que todos deberíamos experimentar alguna vez. Hay que llorar, ineludiblemente, mientras el sintetizador siniestro adorna una de las melodías más melancólicas que jamás se han escrito.

I find it kind of funny, I find it kind of sad. I find it hard to tell you ‘cause I find it hard to take. 

-Tears for Fears. Mad world. 

Vetusta Morla en Rockdelux.

Rockdelux lleva ya una larga tradición de escribir reseñas y textos sin concesiones. No es un secreto que la música de Vetusta Morla nunca fue santo de su devoción. Sin embargo, en el tenor del periodismo objetivo que acostumbran, saben notar cuando un artista da un salto hacia un lugar desconocido y sin duda mejor. David Saavedra escribe sobre ‘La deriva’, el tercer disco de los oriundos de Tres Cantos. 

Todo sigue ahí: la gravedad, la afectación, la intensidad emocional sobrepasada con que defienden cada una de sus composiciones, la voz histriónica “lo-amas-o-lo-odias” de Pucho. También las metáforas grandilocuentes -aunque con un cripticismo menos impenetrable que de costumbre- y la renuncia a las concesiones fáciles a la hora de buscar la conexión (estructuras no siempre obvias, dinámicas instrumentales tirando a complejadas, ausencia general de estribillos tarareables…). 

Pero en el concepto de deriva como estado social, mental, anímico y existencial se percibe un nuevo asidero, un ligero cambio de timón: como parece dictar el espíritu de los tiempos, en estas canciones el sexteto de Tres Cantos se mira menos al ombligo para buscar un comentario político ejercido con un impacto relativo, al tiempo que apuesta por una agresividad sonora algo más directa y por textos más inmediatos. 

Me siguen pareciendo un cruce entre Radiohead (en este caso los de ‘Hail to the thief’), Standstill (los de ‘Vivalaguerra’) y Héroes del Silencio (aquí, los de ‘Iberia sumergida’); aún se balancean en una cuerda floja que los sitúa al borde del ridículo (al que se acercan más que nunca en ‘Tour de Francia’, con una letra que recuerda a las peores de José María Cano), pero también muestran una entrega en la que se percibe mayor naturalidad, un humanismo con momentos especialmente reseñables en ‘Las salas de espera’ y ‘Una sonata fantasma’ además de contener los dos hits potenciales más claros de su trayectoria: ‘La deriva’ y Fuego’. 

Es difícil confrontar los prejuicios con respecto a lo que representa Vetusta Morla como ariete que abrió las puertas a un cambio de paradigma en la percepción del indie en España, pero también es de justicia reconocer la seriedad con que siguen haciendo su trabajo. Este es su mejor álbum hasta el momento. 

David Saavedra. RDL 329, Junio 2014. 

La dignidad de las mujeres se reivindica en las palabras, en los poemas, en las reflexiones que se reúnen en la narrativa desde prisión, toma forma y funge como liberadora de su propia ira, el resentimiento, la frustración y la impotencia que a menos que se asimilen, se pudren y destruyen desde dentro. 

1 month ago 1 note

Sobre Daniel Johnston.

Un concierto es, en más de un sentido, una comunión. Una congregación de personas que profesan la misma fe. El sábado la comunión se dio en torno a la fe de presenciar en la voz de Daniel Johnston una de las obras más grandes del poder que tiene la música para exorcizar demonios. 

La obra de Daniel Johnston está plagada de dificultades, momentos sombríos, visitas al delirio interior de la locura. Que a estas alturas de su vida haya podido viajar hasta nuestra ciudad y arroparse con músicos que lo comprendieron e hicieron de su concierto uno irrepetible y hermoso, es digno de celebración y alegría. 

Desde que vi sus manos temblorosas supe que había abierto una herida dentro mío. Me partí en pedazos, la belleza de sus cantos, su mirada limpia y emocionada me abrieron en canal. No pude dejar de llorar. Lágrimas sanadoras, afortunadas, la fortuna de estar viva y sentir dolor. Try to make sense out of that. 

El arte de Daniel surge de la dificultad, del sufrimiento, de la opresión entre su propia mente, sus deseos y sus limitaciones. Las odas al amor, la esperanza última de que el amor te encuentra expresada desde la mente de un hombre cansado de sentir tanta belleza. 

Las canciones de Johnston conmueven, indagan dentro de un apartado que todos conservamos incólume; hay un pedacito dentro que sigue incorruptible, bello, blanco. Es ahí donde anida la voz de este hombre que habita una caverna de oscuridad y luz. Hemos tenido la inmensa fortuna de que las circunstancias de su vida hayan facilitado que se enfrentara a un piano y una guitarra, que los momentos de claridad hayan sido suficientes para permitirle aterrizar todo lo que lleva adentro en un puñado de canciones de cuatro minutos. 

Todos los conciertos que ofrece Daniel son especiales porque su condición física y mental hace imposible repetirlos. El son jarocho que sublimó ‘Life in vain’ acentuó este instante en el que habitamos durante cinco minutos y que se marchó dejando tras de sí una estela de emoción, miradas azoradas y abrazos incrédulos entre quienes me rodeaban. Casi siempre le gusta tocar una canción de los Beatles, su grupo favorito. En México tocó escuchar “You’ve got to hide your love away”, la pieza que Lennon escribió tratando de imitar a Dylan, con un desgarrado HEY que conjura la sensación de sentirse señalado por cometer un gran pecado en el mundo represor que nos hemos construído; amor. El gran pecado de Daniel ha sido nunca reprimir su amor por las cosas, por las mujeres, por la vida que se le entrega fragmentada y rota, que se cuela entre la lucidez y los demonios. 

Daniel Johnston ha visto al diablo a la cara, sabe que el diablo está en el espejo y a pesar de ello sigue plantándose en el escenario, desubicado y confundido, atisbando sonrisas frente a la calidez que percibe, confortado por momentos de saberse acompañado en un camino que anda a solas. 

Nunca un intérprete más honesto y transparente frente a nuestros ojos. Gracias, Daniel. 

Pulp.

image

Escribí este texto en 2012, cuando mi querido Bart Del Mar, entonces editor de Afterpop.tv, me comisionó para reseñar el documental “The Beat is the law; Fanfare for the Common People”, que habla de la historia de Pulp pero medita también sobre la historia de Sheffield, la ciudad gris y miserable donde se gestaron varias de las bandas más sensibles y lúcidas de la historia de Inglaterra. Busqué la liga pero ha muerto, así que afortunadamente me recomendaron buscar en Archive.org 

Gracias al archivo de internet, lo reproduzco aquí en vista de su proyección casi tres años después en nuestro país. 

——-

Este es un documental de Pulp que no habla sobre Pulp. Es una conmovedora historia de éxitos y fracasos en lo social, en lo personal, en lo público y lo privado. Tomando a Pulp como hilo conductor, la cinta se desdobla en una extraordinaria historia del pop pero también en una mirada a ese abismo descolocado que fue Sheffield en los 80, a la lucha por los derechos de los trabajadores de industrias obsoletas que despertaron un día para encontrarse con el futuro gris y quebrado de sus familias. La desesperanza y la bancarrota moral y económica que asolaban a la ciudad del carbón y el acero produjo una conmoción única que alimentó a una generación entera de artistas que jamás tuvieron nada que perder.

Asistimos a través de la lente a los testimonios vitales de los protagonistas de la escena de Sheffield, quizá la más vital y la que promovió la descentralización de la producción cultural inglesa hacia la provincia. Promotores, músicos y sellos discográficos prestan su voz a un documento cultural imponente que pone en su justo lugar a las piezas de ajedrez del complicado juego de sobrevivir y crear en medio de la turbulencia. Una historia de resistencia y desafío, un modelo para la disidencia espiritual y social en la que el beat, a secas, se impone a toda costa como la ley imperante. Esta es la historia de gente ordinaria, de músicos que permanecieron fieles a su tiempo y fueron capaces de crear una comunidad que traspasó el ruido del “No Future” repetido ad infinitum donde quiera que iban.

Crónica de la efervescencia que surge del conflicto, de la creatividad naciendo en el paraje más insospechado, a partir de ciudades muertas y torturadas por el gris, de la lucha de la clase trabajadora por sus derechos y del artista por su independencia. Un retrato limpio del arte surgiendo de la adversidad, del arte como la vida donde no queda más que bailar, beber y cantar sobre ello. Una cinta que toma el pulso de los difíciles 80 thatcherianos, esos en los que no había glitter, para recordar que el espíritu sigue siendo el mismo, que nada ha cambiado y que es precisamente la gente común a quien le canta Jarvis –porque él es la gente común– quien merece una fanfarria en medio del lodazal en que logran hacer crecer una flor, a pesar de todo.

Destrozar el mundo.

La ansiedad es inseparable de vivir. No hay acción ni sentimiento en el ser humano que no esté acompañado, en uno u otro momento, de la angustia que corre por las venas y asfixia invisiblemente la garganta. 

Escribir canciones que se hundan en el profundo pozo de la angustia, de la ansiedad, es cosa que interesa a pocos. No todos los autores están comprometidos con su propia oscuridad, con sus fracasos portados como collares de perlas. Llegar al fondo es tarea relativamente fácil. Lo verdaderamente complicado es extraer belleza de ese momento terrible. Encontrar lo bello en medio de un pozo negro, donde no hay luz ni posibilidad alguna de encontrar nada más que a tientas. Noches infinitas que se extienden como víboras en el desierto. 

De los días oscuros, las noches siniestras y la ausencia de contacto con los otros, con el mundo fuera de su mundo, Columpio Asesino extrajo nueve canciones de su pozo particular. 

Es, sin duda, un disco subversivo. ¿Existe algo más subversivo que hablar de la austeridad, del recogimiento, en pleno 2014? 

Treinta y dos minutos son suficientes para extender a quien preste oídos una especie de manto pesado que se convierte en una suerte de armadura. Una armadura contra la cotidianidad fatua, contra el ‘compre ahora, pague siempre’, el brillo sórdido de las pantallas que ilumina nuestros cada vez más profundos vacíos disfrazados de actividades, de trabajo, de maratones corridos cada domingo. Canciones que acompasan el derrumbe. Aquí hay escombros, bellísimos retazos donde algún día hubo vida, y ésta se fue apagando a punta de oleadas en un mar frío que devoró al fuego. 

Columpio ha impregnado de calle y de realidad un disco breve que se convierte en granada de mano. Recogiendo el sentimiento de desesperación y ansiedad que corre paralelo en las calles de España, del mundo sin fronteras, las nueve canciones que constituyen este paseo de horrores muestran un espejo e invitan a reír en medio del gesto torcido que se dibuja al final del cristal. Una risa cruel y hosca, que no se contagia. 

Escribir música en estos días aciagos no requiere valor. ‘Ballenas muertas en San Sebastián’ reúne cojones que si bien no son necesarios, sí los apartan definitivamente del montón, del que nunca han formado parte. La historia de Columpio Asesino se escribe entre cabañas desiertas, mares helados, cuchillas hirvientes y motores encendidos que queman gasolina. Sus piezas construyen lugares inhóspitos donde muy pocos deciden pasar la noche.

La humanidad no busca bondad, no se entrega al prójimo, no busca mejorar su entorno. Columpio Asesino conoce bien las múltiples decepciones de ser y ver al mundo a los ojos. El hombre huele a sudor, a miedo, a gasolina frita y a contaminación infinita. Quién nos ha quitado el derecho de venir a este mundo a destruirlo. Si hay que hacerlo trizas, el mundo requiere de compases a la altura de la circunstancia. Para cumplir con la feroz tarea, hay que escuchar a las ballenas muertas en San Sebastián. 

El editor de la memoria. 

El editor de la memoria. 

(Source: myjetpack, via markmaki)

2 months ago 1,501 notes

Qué necesario es el peligro para hacernos mover de sitio. Si no sentimos un cuchillo presionando nuestra costilla, somos capaces de quedarnos quietos mirando un resplandor artificial para siempre. Que una canción nos provoque incomodarnos, revolvernos en nuestro asiento, levantarnos, sacudir los hombros, es ahora mismo un lujo. Protomartyr es la punta de un picahielos que te obliga a moverte nerviosamente mientras una corriente eléctrica te atraviesa la espalda. Cualquiera puede hacer bailar. Los beats baratos son la norma. Esto es diferente. Esto es un hombre apresurado de respiración incólume ordenándote que salgas de donde estás, porque si no, simplemente te mata. Y no te lo dice. Más que con los ojos. Es un sentimiento silente, como el remordimiento. Y vaya que mata. El lenguaje mata. Aquí hay dos minutos y medio de impotencia, miedo, belleza, violencia. Este es el espíritu de la humanidad en 2014. 

Protomartyr-Scum, rise!

4 months ago 5 notes #Protomartyr